Una tendencia normalizada pero peligrosa
Es muy común es España cuando se acerca el verano, escuchar de forma repetida la expresión “tengo que empezar la operación bikini”. Esta tendencia, que hace referencia a preparar el cuerpo para “lucirlo” durante los meses de calor, está profundamente integrada y ampliamente aceptada a nivel social.
La “operación bikini” engloba un conjunto de conductas dirigidas a cambiar el físico y modificar el cuerpo, principalmente mediante la pérdida de peso, las dietas y el aumento del ejercicio físico, con el objetivo de ajustarse a un ideal estético concreto.
Por lo general, se asocia con una práctica inofensiva e incluso positiva: cuidarse a través del ejercicio y la alimentación no es, en sí mismo, problemático. Sin embargo, este fenómeno se enfoca de forma excesiva en la estética y puede tener un impacto relevante en la salud mental y, en determinados casos, actuar como desencadenante de un trastorno de la conducta alimentaria.
Así, lo que parece una costumbre socialmente normalizada puede acabar influyendo en cómo una persona se relaciona con la comida, con el ejercicio y con su propio cuerpo. Y, en definitiva, consigo misma.
Verano y exposición corporal: el contexto
Para entender este fenómeno, debemos tener en cuenta el contexto. En España, el clima cálido, la cultura de playa y piscina, y el uso de ropa ligera por el aumento de temperaturas generan un aumento notable de la exposición corporal.
Durante los meses de invierno, en la península hay una disminución de las temperaturas y, debido a que nos abrigamos, el cuerpo suele quedar más cubierto. Con la llegada del verano, suben las temperaturas y esta dinámica cambia: pantalones cortos, camisetas sin mangas, bañadores, bikinis, hacen que el cuerpo esté mucho más expuesto.
Este cambio, aunque pueda parecer únicamente físico, también tiene un impacto psicológico y en personas que ya presentan inseguridad o insatisfacción corporal, puede resultar especialmente incómodo: la mayor exposición puede favorecer la comparación, aumentar la focalización en el cuerpo y la apariencia, y puede generar la sensación de estar siendo observado. En el caso de quienes presentan un trastorno de la alimentación, esta exposición puede vivirse con altos niveles de ansiedad, vergüenza o evitación, llegando incluso a dificultar la participación en planes sociales.
La “urgencia por cambiar el cuerpo”: terreno fértil para el TCA
Uno de los aspectos más característicos de la operación bikini es la sensación de urgencia. La idea de que hay que llegar “a tiempo” al verano puede generar una presión que favorezca la aparición de conductas poco saludables para lograr en poco tiempo lo que se espera.
Entre las más habituales, se encuentran la restricción de alimentos, las dietas milagro, el aumento excesivo o compulsivo de ejercicio físico, el uso de laxantes, diuréticos y suplementos o productos de estética. Además, la creencia de que este cambio será temporal y solo durante un período de tiempo da una sensación de falsa seguridad y control que hace que se minimicen los riesgos.
Todo esto puede favorecer la aparición de problemas alimentarios y, aunque desde el punto de vista clínico, sabemos que no todas las personas desarrollarán un trastorno alimentario, sí es frecuente el aumento de conductas de riesgo.
¿Por qué es especialmente peligroso para personas vulnerables o que sufren un TCA?
Para las personas que sufren un trastorno alimentario, esta época del año puede ser especialmente delicada. Recibir tantos mensajes centrados en la delgadez, el cuerpo o en determinados estándares físicos, puede reforzar la idea de que el valor personal depende del cuerpo y el peso, así como incrementar pensamientos vinculados al miedo a subir de peso, la insatisfacción corporal y la distorsión, pudiendo perpetuar los síntomas propios del trastorno.
Volver a este tipo de dinámicas puede favorecer recaídas en el trastorno. La exposición constante a mensajes sobre el cuerpo y la presión estética puede hacer que resurjan patrones de pensamiento rígidos, como el clásico “todo o nada”: o consigo ese cuerpo o fracaso. Las personas que sufren un TCA no solo lidian con la comida, sino también con un sistema de creencias profundamente arraigado sobre su identidad y su valía. En este sentido, la “operación bikini” no es un fenómeno neutro.
El papel de las redes y la presión social
Las redes sociales amplifican este fenómeno de forma significativa. Durante los meses previos al verano, es muy notable el aumento y la presencia de contenido relacionado con el cuerpo, rutinas de entrenamiento intensivo o mensajes del tipo: “todavía estás a tiempo”.
Este tipo de contenido, presente en muchas redes, plataformas y páginas contribuye a difundir estos mensajes y a reforzar todas las conductas y creencias mencionadas previamente.
Además, las redes sociales acaban teniendo un impacto en la cotidianidad de la sociedad. La presión no se limita solo al entorno digital por lo que no es extraño encontrarse en conversaciones cotidianas en las que se escucha “Esto ya no, que viene verano”, “Yo ya estoy a dieta”, etc. Aunque a menudo se expresan sin mala intención, este tipo de mensajes refuerzan la cultura de la dieta y pueden tener un impacto significativo en el entorno, especialmente en personas más vulnerables.
Señales de alerta en esta época
Durante los meses previos al verano, conviene observar si aparecen ciertos cambios, especialmente en adolescentes o en personas con mayor vulnerabilidad a desarrollar un TCA. Puede notarse un aumento de la preocupación por el cuerpo, que normalmente se traduce en una mayor insatisfacción o en pensamientos más frecuentes sobre la apariencia física.
También pueden darse cambios en la alimentación, como una reducción de la cantidad o variedad de alimentos, una mayor rigidez a la hora de comer o la aparición de conductas evitativas. Del mismo modo, puede observarse un incremento del ejercicio físico, en ocasiones de forma excesiva o difícil de flexibilizar.
Otro aspecto a tener en cuenta es la evitación de planes sociales que impliquen exposición corporal, como ir a la playa o a la piscina, así como un aumento de la irritabilidad o del malestar cuando aparecen temas relacionados con la comida o el cuerpo. Estas señales pueden indicar que algo no está yendo bien.
En general, es recomendable evitar comentarios sobre el cuerpo, no reforzar las dietas en casa y favorecer una relación natural y flexible con la comida. Sin embargo, si se observan algunas de las conductas mencionadas, es importante actuar. Acompañar emocionalmente, escuchar y validar el malestar sin centrar la conversación exclusivamente en el físico ayuda a que la persona se sienta comprendida y no juzgada.
En caso de que sea necesario, pedir ayuda profesional también forma parte del cuidado ya que permite prevenir el desarrollo de un posible TCA, frenar este tipo de conductas, trabajar sobre las creencias asociadas al cuerpo y la alimentación, y fomentar una autoestima sana.
Resignifiquemos la llegada del verano
Así pues, para poder alejarse de este fenómeno, es importante desplazar el foco de la apariencia hacia la experiencia. Es decir, poner el valor en lo que se hace y en el placer que encontramos en muchas actividades cotidianas, siendo conscientes que el cuerpo permite que esto sea posible.
Este cambio de perspectiva no solo favorece una relación más amable con uno mismo, sino que facilita que el bienestar no dependa exclusivamente de la imagen corporal, sino también del disfrute, el descanso y la conexión con los demás.

