riesgos, impactos y oportunidades en la era digital

Las redes sociales forman parte del día a día de niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Plataformas como Instagram, TikTok, YouTube o medios digitales y webs informativas influyen profundamente en la forma en que las personas aprendemos, trabajamos y nos relacionamos. Pero también está influyendo en la forma en la que entendemos la salud, el cuerpo y la alimentación.
Desde la psicología clínica, sabemos que este entorno digital puede ser un espacio de acompañamiento, información y apoyo; pero también puede potenciar factores de riesgo relevantes en el desarrollo o mantenimiento de diversos trastornos como el trastorno de la conducta alimentaria (TCA).
1. Factores de riesgo que se potencian en el entorno digital
Las redes sociales no son la causa directa del desarrollo de un trastorno alimentario. En primer lugar, porque un TCA es un trastorno multifactorial. Es decir, su aparición responde a una combinación de vulnerabilidades individuales, familiares y sociales, que interactúan con determinados desencadenantes y con circunstancias que perpetúan el problema en el tiempo. Leer más en: https://eatica.com/factores-predisponentes-precipitantes-y-mantenedores-del-tca/
Sin embargo, las redes sociales sí pueden amplificar elementos que favorecen la aparición o el mantenimiento de estos problemas. Algunos de los factores más relevantes son:
A_Exposición a ideales corporales irreales
Aunque este tema ya ha sido muy discutido, es importante recordar la cantidad de publicaciones que exhiben cuerpos editados, con filtros o muy estudiados. Este tipo de contenido puede llevar a la comparación y puede generar la sensación de que el propio cuerpo no es “normal” o no está a “la altura”. Puede fomentar que se generen creencias rígidas sobre un cuerpo ideal, rumiaciones o pensamientos obsesivos acerca del propio cuerpo y puede favorecer la distorsión de la imagen corporal.
Es importante destacar que el impacto que muchos perfiles o publicaciones pueden tener no siempre es evidente. Al principio, suele empezar como una “inspiración”, pero poco a poco modifica la forma en que la persona interpreta su apariencia y la de los demás.
B_Refuerzo social
Muchas de las imágenes publicadas en redes, reciben elogios, comentarios positivos y una gran cantidad de “likes”. Esto genera un refuerzo social que invita a otras personas a imitar ese contenido para obtener la misma aprobación. Además, suele ocurrir que las publicaciones que muestran cambios corporales, dietas estrictas o rutinas extremas obtienen mucha más visibilidad que aquellas centradas en el bienestar emocional. Este tipo de validación puede consolidar un patrón peligroso, en el que se asume que cumplir ciertos «requisitos” estéticos y colgarlos en las redes trae consigo aceptación y reconocimiento.
C_Sobreinformación y pseudociencia nutricional
Las redes sociales están permitiendo la difusión de información de forma rápida, incluyendo fake news o propuestas nocivas que se vuelven virales. Este acceso inmediato a todo tipo de contenido permite que muchas personas, como influencers o famosos sin formación específica, aconsejen y recomienden ciertas prácticas, dietas, ejercicios, rutinas o incluso complementos alimenticios. Estas recomendaciones sin evidencia incrementan la confusión y favorecen conductas de riesgo sin supervisión profesional.
Conviene señalar que muchos de estos influencers promocionan determinados tratamientos o productos a cambio de una compensación económica. Por tanto, no siempre es posible conocer si sus recomendaciones responden a un conocimiento sólido y a un genuino interés por mejorar la salud de sus seguidores, o si están motivadas por intereses económicos y personales.
D_Normalización de prácticas dañinas
Como ya hemos ido comentando, en el entorno digital se comparten contenidos que, aunque disfrazados de hábitos saludables, pueden potenciar prácticas propias de un trastorno alimentario, como por ejemplo la reducción o restricción de la ingesta de alimentos, compensaciones a través de ejercicio físico exhaustivo o el uso de productos, cremas y tratamientos para cambiar el cuerpo.
Existe incluso la difusión de información que favorece el uso de estrategias compensatorias como el vómito autoinducido o incluso comparten trucos, retos o “consejos” que aumentan los problemas alimentarios.
E_Contenido que dispara ansiedad o culpa
Algunos de los vídeos o publicaciones que abordan este tipo de temática pueden generar malestar incluso en personas que no buscan ningún tipo de información sobre alimentación o peso. Estar expuesto a comparativas de “antes y después”, mensajes que glorifican la delgadez o rutinas que se presentan como imprescindibles puede aumentar la autocrítica y, llevar a comportamientos compensatorios.

2. Riesgos concretos del uso intensivo de redes sociales en relación con los TCA
Entre los riesgos más relevantes, encontramos:
1_Compromiso de la salud mental
La presión estética constante puede deteriorar la autoestima y aumentar síntomas vinculados a la autoexigencia y autocrítica extrema, el malestar con la imagen corporal así como dificultades emocionales como la ansiedad o la depresión.
Muchas personas que sufren anorexia o presentan algún trastorno de la conducta alimentaria explican haber experimentado un aumento significativo de su malestar tras un consumo intensivo de redes. No obstante, no es necesario tener un diagnóstico para verse afectado: numerosas personas sin TCA también describen un impacto negativo similar en su bienestar emocional.
2_Deterioro de la relación con la comida
La repetición de mensajes sobre “alimentos buenos o malos” genera, en primer lugar, la creencia de que el contenido es real y fiable. Esto puede conllevar sentimientos de culpa tras comer, tener miedo a determinados grupos alimentarios, empezar a restringir de forma progresiva…
2.3. Apoyo social a conductas de riesgo
Algunas comunidades digitales refuerzan comportamientos propios de TCA, por ejemplo la promoción de ejercicio físico excesivo, el minimizar los riesgos de la pérdida de peso rápida, celebrar la restricción y justificar la “fuerza de voluntad” al no comer.
Cuando estas prácticas son validadas socialmente, la persona puede percibirlas como normales e incluso vivirse como un logro personal.
2.4. Invisibilización del sufrimiento real
En redes sociales, se tiende a mostrar solo momentos “positivos”: avances, objetivos cumplidos, fotos favorecedoras. Esto genera la idea errónea de que “Los demás lo llevan bien” o “solo a mi me cuesta”, “Solo yo tengo problemas”, “Todo el mundo controla menos yo”.
Esta percepción incrementa la autoexigencia y puede mantener conductas asociadas al trastorno.
3. Consecuencias positivas y negativas de las redes sociales respecto al TCA
No todo es riesgo. Las redes también pueden convertirse en espacios valiosos de apoyo, educación e inspiración. La clave está en el tipo de contenido que se consume y la relación emocional que la persona tiene con él.
3.1 Consecuencias positivas
Cuando el uso es consciente, crítico y protegido, las redes pueden aportar beneficios importantes:
Acceso a información rigurosa de profesionales de salud mental, nutrición o medicina.
Comunidades de apoyo real, donde se promueve una relación sana con el cuerpo y la alimentación.
Visibilización del sufrimiento emocional, incluyendo testimonios de personas en recuperación.
Contenido educativo sobre salud mental, trastorno alimentario y bienestar.
Recursos accesibles que facilitan pedir ayuda antes.
Promoción del autocuidado, del descanso y de una relación saludable con el ejercicio físico.
La clave está en aprender a filtrar, cuestionar y seleccionar qué consumimos.
3.2 Consecuencias negativas
Estas son las más conocidas y las que, desde la clínica, observamos con mayor frecuencia:
Comparación constante con cuerpos idealizados.
Alteración de la conducta alimentaria: restricción, atracones, purgas o ejercicio físico compensatorio.
Culpa o ansiedad por la ingesta de alimento.
Deterioro de la autoestima y de la salud mental en general.
Normalización de mensajes dañinos para personas con anorexia o con problemas alimentarios.
Sensación de aislamiento, incluso estando hiperconectado.
4. Cómo fomentar un uso saludable de las redes desde la clínica y la familia
El uso de redes sociales forma parte de la vida cotidiana de adolescentes y adultos. Desde la clínica —especialmente en el trabajo con trastornos de la conducta alimentaria— y desde la familia, el objetivo no debería ser eliminar su uso, sino acompañar para que sea más consciente, crítico y coherente con los valores personales.
Por tanto, el objetivo no será la prohibición, ya que raramente es una solución eficaz. Sino acompañar y enseñar a usar e interpretar el contenido consumido.
Otra Revisar el tipo de cuentas que se siguen: generar pensamiento crítico y conciencia sobre el tipo de contenido que se consume. Muchas veces la exposición continua a este contenido lleva a la normalización.
Acciones concretas: Eliminar —o silenciar— aquellas que generen culpa, comparación o presión. E incluso aquellas que, aunque no conlleven una repercusión directa, no van acorde con los valores o ideales que uno “persigue”.
Promover contenido diverso: Las redes sociales funcionan de manera que muestran el contenido que es de nuestro inters. Esto suele conllevar, contnido muy restringido. Aumentar los intereses y busquedas a contenido vinculado al humor, arte, música, ciencia, naturaleza… El cuerpo no debe ser el eje de toda la experiencia digital.
Educar en lectura crítica. Comprender que la mayoría de imágenes están editadas y que no representan la realidad.
Fomentar conversaciones abiertas: Hablar sobre cómo se sienten al consumir ciertos contenidos puede prevenir riesgos y generar confianza. Tener un pensamiento crítico sobre lo que consume es un gran protector. Pero también es importante que haya respestas y acciones concretas: es decir, si se percibe que cierto contenido es nocivo, es importante dejarlo de consumir.